Fin de año de trapecista: con menos estrés.
Traducción: Melisa Vázquez.
Mil compromisos, transito, filas y toda la expectativa en la
finalización de un ciclo más elevan los niveles de ansiedad y nerviosismo. Pero
dese cuenta: si hace un esfuerzo, es posible comenzar el año con mucha más
salud y alegría.
Por Rita Trevisan e Thaís
Macena
Ilustraciones: Melissa
Lagoa
El acercamiento del final de año lleva a gran parte de las
personas en dirección a unos pocos objetivos: preparar la cena y la casa para
recibir amigos, planear un viaje para las vacaciones, comprar regalos y participar
de numerosos compromisos sociales. La vida cotidiana, que ya es agitada, se
convierte en un verdadero caos. Para que tenga una idea, según una
investigación de la International Stress Management Association (ISMA Brasil),
se experimenta un aumento de hasta el 75% de estrés en el periodo de las
fiestas. El estudio fue realizado en Porto Alegre (Rio Grande do Sul), a unas
678 personas en una franja etaria de 25 a 55 años.

Los resultados apuntan a lo que la mayoría de las personas
siente internamente en ese periodo. No basta con el cumulo de obligaciones,
esta también acostumbra a ser una fase de mayor exigencia en las escuelas y en
los ámbitos profesionales. “El estrés de fin de año afecta desde los niños y
jóvenes por causa de las evaluaciones, notas y recuperatorios, hasta los
adultos que, en general están sobrecargados de trabajo. Eso es porque muchas
empresas realizan un balance en este periodo y algunas dan vacaciones
colectivas. Por ende, para descansar unos pocos días en casa, es necesario
trabajar doble antes”, observa el psicólogo clínico Armando Ribeiro del
Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Pablo (IPq-FMUSP).
Esta época también coincide con una especie de balance
personal, en que las personas acostumbran a evaluar metas, para descubrir
cuanto avanzaron en relación a sus realizaciones, dentro y fuera del trabajo.
“Siempre que un año está finalizando, es común frenarnos para reflexionar sobre
lo que hicimos o dejamos de hacer. Y es esa una evaluación lo que nos hace
sentir más o menos presionados, más o menos tristes o melancólicos. El final de
año también trae consigo el recuerdo de otros finales de año de nuestras vidas,
y, dependiendo de cómo ella está actualmente, podemos sentir la falta o
extrañar los buenos tiempos pasados, sea con la familia o con amigos”, dice la
psicóloga Olga Tessari, autora del libro Dirija su vida sin miedo (“Dirija sua
vida sem medo”) Editorial Letras Jurídicas. Es la fase en que muchos se apegan a las perdidas y frustraciones, sin
evaluar debidamente lo ganado o mismo el esfuerzo hecho. Es tiempo de
decir: “Este es la primera Navidad sin mi papa” o “Un año más sin un ascenso en
el trabajo”. Por otro lado, hay una cierta exigencia de que, los encuentros de
la familia, todos parezcan felices y radiantes, lo que evidentemente genera un
cierto nivel de estrés en que no se está sintiendo 100% satisfecho consigo
mismo (como tendría que ser).

No se lo tome tan enserio.
Evalúe si usted no se
está exponiendo a una excesiva autoexigencia y si no está focalizándose solo en
aquello que no consiguió realizar. “La personalidad es un factor clave para
desencadenar a reacción al estrés. Esto explica porque dos personas, expuestas
a la misma situación estresante, reacciones de maneras completamente distintas.
Pensamientos negativos e intolerantes consigo mismo san algunos de los aspectos
emocionales que potencian este problema en nuestras vidas. Quien tiene esos
rasgos más marcados en su personalidad, en general, posee una distorsión
cognitiva, al punto de no poder discernir entre problemas pequeños y
solucionables y grandes problemas sin solución”, alerta el psicólogo Neves
Neto. Refleja con respecto a lo que incomoda, intente identificar patrones de
pensamientos distorsionados, negativos e irreales. Acuérdese siempre de no
enfocar solo en aquello que no acertó, sino también de sus avances, por menores
que hayan sido. En general, la sensación de que hizo lo mejor que pudiera haber
hecho, en determinada situación y con los recursos que tenía a mano, apacigua y
reconforta.
Llore, si lo necesita.
Si en algunos momentos siente una opresión en el pecho, por
causa de la ansiedad, de tensión o de tristeza, permítase llorar. “El llorar
alivia mucho el estrés. No necesita alimentar esa melancolía y frustración,
recordando situaciones que no van a cambiar por culparse. Aproveche este cambio
de año para establecer nuevas metas y pensar en cómo puede ser más feliz cada día,
de aquí en adelante”, sugiere Olga.
Ir a lo floral.
“La flor silifocum ayuda a organizar las ideas, permitiendo pensar con más
claridad y organizarse bien, también en el tumulto. Esta flor mejora la
concentración, a la memoria y ayuda a mantener el foco. Otra flor para los
momentos de mucha revolución es la digestorium, que ayuda a lidiar con las
situaciones desgastantes, controlando el nivel de nerviosismo y reduciendo los
síntomas de estrés. Para sentir los beneficios, tome cuatro aplicaciones por
boca (spray), tres veces al día, hasta sentirse más relajado o durante el
periodo de estrés”, explica Gisele Herzeg, terapeuta floral.
Malabares de sueños.
Aproveche fin de año y defina nuevos objetivos para los
próximos meses, pensando en aquello que realmente será capaz de traerle
satisfacción y alegría. “Sea realista y defina actividades que pueda concretar
en un plazo establecido, defina una fecha para cada meta y cuando necesita para
llegar a su objetivo. No establezca muchas metas, pocos objetivos lo ayudan a
mantener el foco”, enseña Barbosa. También es el momento de compartir sus
sueños con aquellos que usted ama. “Definan por lo menos un objetivo en común,
escriban ese objetivo y déjenlo en un lugar visible para todos. Discutan sobre
qué cosas deben ser hechas, por quien y cuando, para que el objetivo sea
alcanzado. Agenden encuentros para ocio y conversar, para nuevamente discutir y
revisar los pasos de ese proyecto”, dice Barbosa. De esta manera, desenfoca la
atención de lo que no fue hecho hasta ahora y se prepara para lo mejor, que
todavía le queda por vivir.
Señales de alerta
Reírse con amigos hace bien
No se sienta en la obligación de pasar más tiempo de lo que es necesario en
compañía de parientes con quienes no tiene ninguna afinidad, solo porque es
época de fiestas. Prefiera el contacto con personas que le son realmente
agradables. Si fuera necesario, decline algunas invitaciones. “Si acepta todas,
su agenda quedará repleta de prioridades con terceros y quedara poco tiempo
para que pueda cumplir con aquello que planeó, lo que realmente le gustaría hacer”, puntúa
Barbosa.
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Para peor, la mayoría de las personas termina gastando más
de lo que debe en los últimos meses del año, sin planearlo. La preocupación por
las innumerables deudas contraídas es señalada por la psicóloga especializada
en estrés, Ana Maria Rossi, presidente de ISMA-BR, como el segundo mayor motivo
de tensión y nerviosismo en este periodo, después de la sobrecarga de trabajo.
Según la Organización Mundial de la
Salud (OMS) el estrés puede estar asociado a 7 de las 10 enfermedades más
mortales del mundo.
Así, los síntomas de malestar emocional no tardaran en
aparecer en lo físico, complicando la vida del ansioso. “Es muy común que, por
no controlar el estrés, empecemos a percibir algunos cambios en el cuerpo, como
el cansancio sin motivo aparente, dificultades de concentración, hambre
exagerada, taquicardia y falta de aire. Quien ya tenga problemas de salud antes
pueden agravarse: la presión que ya era alta alcanza niveles críticos, la
gastritis aparece, las alergias y los problemas respiratorios pasan a incomodar
más. Y eso sin hablar de los dolores generalizados en el cuerpo, que también
pueden ser consecuencia del estrés”, alerta Olga.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el
estrés puede estar asociado a 7 de las 10 enfermedades más mortales del mundo,
como es el caso de las complicaciones cardiovasculares y hasta el mismo cáncer.
“Teóricamente, el estrés lleva al organismo a un desgaste, lo que nos vuelve más
vulnerables a las enfermedades. Eso es porque la tensión altera el
funcionamiento de las hormonas y neurotransmisores responsables por la salud y
el bien estar. El exceso de adrenalina y cortisol en la corriente sanguínea,
por ejemplo, está directamente relacionado con el debilitamiento del sistema
inmunológico”, explica Neves Neto.
Si permanecemos en situaciones
altamente estresantes por largos periodos, enfermamos gravemente.
Momentos lúdicos para y por usted.
Posponer clases de gimnasia, perder algunas buenas
horas de sueño todos los días, cambiar un almuerzo balanceado por uno rápido
son maneras eficientes para potenciar el estrés y las enfermedades relacionadas
con él. Por eso, tenga en cuenta anotar sus actividades de cuidado personal en
la agenda, reservando un tiempo prudente para cada una de ellas.
Aprenda a posponer uno que otro compromiso menos
importante o delegar tareas.
“También es interesante apartar un rato para
relajarse: escuchar música tranquila, masajes en el cuerpo durante el baño,
meditar, practicar yoga, respirar calmadamente. Adoptar practicas de relajación
en el día a día, y no solo en situaciones altamente estresantes, ayuda a
mantener la tensión bien lejos”, garantiza Neves Neto.
Saludas posibles.
De acuerdo con los especialistas, la salida es
detectar cuanto antes las señales de que los niveles de ansiedad y nerviosismo
están por encima de los límites y buscar inmediatamente estrategias de
compensación. “El estrés normalmente es imperceptible o invisible para la
mayoría de las personas, pues el ambiente de trabajo, escolar o familiar
termina enmascarando los síntomas. Mientras tanto, si no fuera tratado con
tiempo, él puede ser responsable por la baja de productividad en el ambiente
profesional o bajar el rendimiento, por problemas conyugales, íntimos, entre
padres e hijos, etc. Si permanecemos en situaciones altamente estresantes por
largo tiempo, enfermamos gravemente”, alerta el psicólogo. Felizmente, hay
técnicas que pueden ser usadas para esquivar los efectos negativos sobre la
salud del cuerpo y de la mente. Seguirlas al pie de la letra aumenta las
chances de terminar bien el año. Y puede garantizar aun un año mucho mejor.
Encare el trampolín
Salir de la situación de equilibrio en algunos
momentos es más que normal. En vez de explotar, busque la forma de relajar,
para salir de la situación de tensión.
Respire
“Siéntese
cómodamente, con la columna derecha, y los ojos cerrados. Ponga la atención
en el momento presente e intente dejar salir las preocupaciones. Concéntrese
en su respiración y vaya desacelerando. En seguida, con el pulgar de la mano
derecha, tape la fosa nasal derecha e inspire con la fosa nasal izquierda.
Retenga el aire con los pulmones llenos y cambie la fosa nasal en actividad,
tapando la fosa nasal izquierda y espirando por la derecha. Entonces, inspire
nuevamente por la misma fosa nasal, o sea la derecha. Y, con los pulmones
llenos, cambie de fosa nasal en actividad y espire por la izquierda. Comience
haciendo 5 ciclos completos y vaya aumentándolos gradualmente”, indica Márcia
de Luca, especialista en yoga y ayurveda.
Masajéese.
Retírese por algunos momentos, baje la luz,
coloque una música suave y toque aquellas partes del cuerpo que están
reteniendo toda su tensión. Haga movimientos espontáneos y delicados. Algunas
regiones merecen atención (cabeza y hombros). En la cabeza, haga un masaje
con la punta de sus dedos, en todo el cuero cabelludo. Para aliviar los
hombros, sujete el musculo que se encuentra entre el cuello y el hombre con
firmeza, y haga movimientos de rotación para delante y para atrás. Cuente 30
segundos para cada parte que sienta la necesidad de masajear”, dice Cristina
Almeida, profesora de gimnasia holística.
Relaje.
“De pie, inspire, levantando los brazos por encima
de la cabeza. Luego exhale mientras lleva el cuerpo hacia adelante,
abandonando sus brazos y la cabeza, con las rodillas extendidas. Permanezca
por algunos segundos así. La posición relaja las costillas, estira los
espacios entre las vertebras y quita aquella sensación de presión en los
hombros y en la zona lumbar. Repita cuantas veces fuera necesario, hasta
sentirse mejor”, enseña la profesora de Yoga Diana Bruck.
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