por el Lic. Ricardo Klein (*)
Cuando no registramos nuestros miedos...
El escorpión tiene mala prensa. Se lo conoce poco; es más,
se conoce poco. Este animal –al ser atacado- responde con una rapidez
asombrosa. Recuerdo el fallido intento realizado hace años, de poner y sacar
una maderita entre las patas del escorpión antes de que éste picara. Imposible.
Su velocidad de respuesta ante la amenaza era vertiginosa. Tal la naturaleza
del escorpión.
Recordemos el relato de la rana y el
escorpión. En la orilla de un río caudaloso el escorpión le pide a la rana que
lo cruce al otro lado. Luego de negarse –por temor a ser picada- la rana accede
a transportarlo, tras el escorpiano argumento de no poder matarla pues morirían
los dos en las aguas del torrente. En mitad del río, el escorpión le clava su
aguijón. La rana – moribunda- le pregunta el por qué, ya que ambos morirán
ahora en la mitad del río. El escorpión responde: “Es mi naturaleza.”
Naturaleza asesina, despiadada. Fama de mal bicho, con
imposibilidad de cambio, ya que es biológica la causa, es algo dado por la
naturaleza.
Ahora bien. ¿De qué trata la “naturaleza” del escorpión? ¿Es
realmente el asesino malintencionado del relato? Y si así fuera ¿Por qué matar
a la rana recién en mitad del río, uniendo al asesinato su suicidio? Sospecho
que algo no cierra en este cuento.
Si el escorpión es la figura, el río es el fondo. Fondo que
hace comprender la figura, y relatar otro cuento:
El escorpión pide a la rana que lo cruce, pues no sabe
nadar; es más, le teme al
agua pues es un animal de tierra. La rana le cree y lo sube a sus espaldas. Se inicia el cruce. Imagino al escorpión sobre la rana, muerto de miedo. Más, un poco más. Están en medio del río. Distancia máxima de cada orilla. El peor lugar del río, el más alejado de la costa salvadora. El miedo estalla en el escorpión. Asustado, casi en pánico, reacciona frente al sentirse atacado. Y pica. Y mata. A la vez, muere.
agua pues es un animal de tierra. La rana le cree y lo sube a sus espaldas. Se inicia el cruce. Imagino al escorpión sobre la rana, muerto de miedo. Más, un poco más. Están en medio del río. Distancia máxima de cada orilla. El peor lugar del río, el más alejado de la costa salvadora. El miedo estalla en el escorpión. Asustado, casi en pánico, reacciona frente al sentirse atacado. Y pica. Y mata. A la vez, muere.
Muere ya que no pudo registrar su miedo. Si le hubiera
podido decir a la rana de su temor, ésta podría haberlo calmado, ayudado a
atravesar el pico máximo del miedo en mitad del río. Para esto el escorpión
tendría que haber registrado que tenía miedo; y saber de sí que al tener miedo,
reacciona atacando sin registro del miedo. Saber que cuando va a atacar, en el
instante anterior, padece de miedo. Quizá hubiera logrado que en lugar de
sentirse atacado, registrara el miedo inhibiendo la acción. Pues esa es la
“naturaleza” del escorpión. Teme algo, se siente atacado, y reacciona picando;
y sólo tiene conciencia de esto último.
O sea que en lugar de un terrible asesino, la rana está ante
un temeroso animal,
poderosamente reactivo.
poderosamente reactivo.
Si el escorpión pasa a ser fondo, la rana puede ser figura.
Rana que no es ingenua, pues sabe de la naturaleza del escorpión. Se niega
–inicialmente- a transportarlo. De naturaleza confiada, la rana acepta el
argumento del escorpión. La lógica –impecable y a la vez fallida- de la
explicación, quita sus dudas. Confía ciegamente, pues sólo de esa manera
alguien se pondría un escorpión encima. ¿Y qué enceguece el juicio –insisto, no
ingenuo- de la rana?
Por un lado, su posibilidad de confiar ciegamente. Pues una
cosa es ser confiado, otra es ser capaz de hacerlo desconociendo la percepción,
ceguera mediante. Por otro lado, el arrullo del argumento que –cual canto de
sirenas- lo aparta de su centro, de su sentir temor ante este otro peligroso
animal. Otro que –al no ser reconocido como otro, como diferente, con
naturaleza distinta,- es creíble como un igual. Anulación de la diferencia,
negación de la percepción, confianza ciega indiscriminada. Atravesados sus ojos
con el eficaz argumento, será atravesado su cuerpo con el aguijón en medio del
río.
Si el escorpión y la rana devienen en fondo, la figura se
instala entre ambos. Tenue línea de la desconfianza-confianza. Desconfianza
extrema del escorpión, que ante cualquier cosa cerca, ataca, no duda, no
vacila; desconfía de todo y reacciona siempre. Confianza de la rana que
–desafiando, más bien desestimando su percepción- confía en argumentos que se
anularían de sólo mirar. Confianza extrema del escorpión, que sin duda, sin
vacilación alguna ataca, confiando absolutamente en su percepción de la
realidad, y que ésta es tal cual él la percibe. Desconfianza total de la rana
acerca de su percepción, invalidando su registro y sus propios argumentos.
Cuando ranas y escorpiones nos consultan, demandando por sus
padeceres, nos queda por preguntarnos: ¿Qué haremos y cómo comprenderemos al
próximo escorpión? ¿Cuál es el trabajo a realizar con él? Y cuando una rana
confiada recite potentes argumentos ¿Recurriremos a su percepción negada?
¿Comprenderemos su deseo de quedar encantada por la escorpiana melodía? ¿Nos
daremos cuenta que la rana trae un escorpión con ella, que el escorpión viene
subido a una rana?
(*) Ricardo Klein es Licenciado en Psicología,colaborador docente de la Escuela de Formación y miembro del Servicio de Asistencia a la Comunidad de AGBA.
"En el Camino de la Gestalt" - Ricardo Klein - Editorial Psicolibro Ediciones. Buenos Aires - Año 2011

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