CHICHE (AMERICA 24)
¿Quiere ser siempre joven y feliz? Andrés Percivale le cuenta cómo conseguirlo
Invitado al programa de cable de Chiche Gelblung, Percivale reveló parte de su nutrido conocimiento. Con ejercicios frente a las cámaras y todo, el invitado –practicante del yoga contemporáneo- nos facilitó algunos secretitos que darían excelentes resultados.
Hay que difundir cosas como éstas, que no todos los días nos cuentan por televisión qué hay que hacer para estar siempre joven y feliz. La buena nueva la trajo Chiche Gelblung, aunque en rigor de verdad no fue él sino su invitado, Andrés Percivale, que está fresco como una lechuguita (como una lechuguita fresca, claro; porque pasada queda de lo más arrugada)
A lo que íbamos, a cómo hace nuestro hombre para andar así por la vida, tan espléndido, tan vital y tan sumamente jovial (aunque jovial, curiosamente, es un término bastante viejo). Percivale hace yoga, pero mucho yoga. Primero eso. Y después, ¡si supieran ustedes la de recetas que tiene! Es que no es ningún improvisado. Hace más de 20 años que incursiona en la materia y anoche se despachó con cuanta teoría milenaria (tanto científica como folclórica) puedan ustedes imaginar.
Para que se den una idea, en la glándula pineal (situada en el techo del mesencéfalo y glándula preferida de René), ahí mismo, estaría gran parte del asunto (les avisamos, pequeños saltamontes, que es lo que antiguamente se llamaba “tercer ojo”). Y a la glándula, como a casi todo el mundo, hay que estimularla. ¿Y qué produce nuestra glándula amiga? ¡Melatonina! Por eso ahí estuvieron, invitado y periodista, estimulando la glándula, tarareando con la boca cerrada -cosa de llevar vibraciones hacia el cerebro- y testeando ellos mismos, con una mano en la cabeza, cómo llegaban las vibraciones hasta allá arriba. ¿Sentís?, preguntaba Percivale. Y sí, efectivamente, Chiche sentía.
Pero no fue esa la única técnica que practicamos nosotros anoche (ah, qué creen, si los íbamos a dejar a ellos solos; no, de ninguna manera; nosotros también estuvimos frente a la pantalla tarareando con la boca cerrada y llevándonos una mano a la cabeza). La técnica de la lengua enrulada fue otra de las destrezas que aprendimos. Consiste, justamente, en enrular la lengua y apoyar sobre el paladar la parte de abajo. Chiche no se animó a tanto. Dijo que no le salía, o algo así. A nosotros, en cambio, nos fue fenómeno. El problema fue que, como no se practicó en el estudio, se olvidaron de ponerle punto final al ejercicio y entonces nosotros nos quedamos con la lengua enrulada un buen rato. De hecho, hasta que terminó el programa. Porque sólo ahí sentimos que teníamos permiso para abandonar la faena.
¿Querés saber cuál es el secreto de la felicidad?, preguntó en algún momento Percivale quien, después de escuchar la respuesta afirmativa del periodista, nos contó cuál era la clave y demostró así lo poco confiable que es el tipo como confidente. No vayan a contarle ustedes un secreto, que al día siguiente va la a tele y lo grita a los cuatro vientos. Nosotros, como no nos comprometimos a guardar silencio alguno, les contaremos aquí cuál es el secreto (que dejó de serlo) de la felicidad: hay que parar la máquina del pensamiento.
Ya ven, ahí tuvimos otra puertita más que se abrió especialmente para nosotros: para ser feliz hay que dejar de pensar. Y a ustedes, que supondrán que dejar de pensar a nosotros mucho no nos cuesta, les avisamos que -contra todo lo que aparentamos- nosotros no tenemos un único cerebro sino tres. Pero es verdad: no somos exclusivos en esta tricota, porque, aunque no parezca, todo el mundo tiene tres cerebros. Si bien esto es algo que cualquiera que haya hecho acupuntura lo sabe, nosotros lo aprendimos recién anoche y nos quedamos de lo más contentos. Felices, para ser más exactos. Y jóvenes, obviamente; que para algo estuvimos toda la noche dándole a la glándula pineal.
Guadalupe Diego. De la Redacción de Clarín.com.
gdiegotv@claringlobal.com.ar
10 sept 2008
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1 comentarios:
Muy pero Muy bueno, una nota para que todos lean
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